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Todos arrastramos heridas emocionales desde la niñez

Cualquier día es bueno para hacer una lectura profunda de este bello escrito que nos ha regalado Charles Chaplin.  Todos arrastramos heridas emocionales desde la niñez, pero son semillas de nuestra evolución y crecimiento personal. Hoy los usuarios de Ámbit han reflexionado en base al texto y han sacado unas conclusiones magníficas y lindas. Qué bonito ha sido escuchar sus corazones y  tener la oportunidad de mirar hacia dentro. Comencemos a amarnos de verdad. 

Celia V, estudiante en prácticas de Integración Social. 

Por la DIGNIDAD y la JUSTICIA SOCIAL

“Ver la luz a través de unas rejas,

Contemplar como una celda te aísla en soledad.

Sumirte en un eterno silencio preguntando ¿qué hiciste mal?

Tantear cada rincón, y cada persona para asegurarte la libertad.

Dejar tu alma a la suerte. Esperar que todo pase.

Y al fin, LA LIBERTAD” 

No importaba quién era, de dónde venía o para qué. Tan sólo sé, que un montón de caras con miles de sonrisas dibujadas eran para mí. Todos me preguntaban mi nombre, todos me daban dos besos, todos tenían una palabra amable para mí. Me quedé muy sorprendida, eran como una gran familia. Me acogieron como si fuera una más, como si me conocieran de toda la vida. Eso es lo más bonito que tiene Àmbit. Ella me recordó porqué he estudiado integración. Porqué estaba allí y para qué. Y no se me ha vuelto a olvidar.

Àmbit es una Asociación maravillosa que no se cansa de regalar sonrisas, de ofrecer ayuda y cobijo a todo aquel que lo necesita. Àmbit se desvive por luchar contra las injusticias y aberraciones que se están cometiendo en el ámbito de lo social. Àmbit nos recuerda a todo aquel que pasamos por aquí, que hay un motivo por el que luchar: Todas aquellas personas que no pueden defenderse por ellas misma y que necesitan un apoyo moral y sentimental.

Cuando hablo de Àmbit, me refiero a todos aquellos trabajadores que se desviven por mantener la asociación a flote. Yo me pensaba que llevar una asociación era fácil. Que trabajar allí, era como un trabajo más, y qué equivocada estaba. Llevar una asociación es encargarse de que todo esté en orden. De que te den subvenciones para poder sobrevivir. Es como llevar una gran casa, una gran familia. No puede faltar de nada: comida, agua, luz, gas. No había caído en nada de eso.

Y trabajar ahí, eso es bastante más duro que un trabajo normal. A parte de tu jornada laboral también trabajas extra en tu casa, si te necesitan. Y lo más complicado de todo, saber estar con personas, saber hablar, y sobretodo saber escuchar. Aprender a ayudarles en la medida que se pueda. Aprender a entender la situación en la que se encuentran (que no es fácil, la verdad). Pasar tiempo con ellos, porque son un encanto de personas. Para ellos tienes que ser casi como un amigo, pero siempre dejando claro que eres un profesional, y al fin y al cabo la relación no puede traspasar eso. Puedes estar ahí, pero habrá momentos en los que tendrán que caminar solos.

Y por supuesto, Àmbit es: TODA es gente maravillosa que vive y convive, que pasa por allí. Porque sin ellos Àmbit no sería Àmbit. Porque se creó para ellos. Y porque son las personas más amables, cariñosas, dulces, a veces agresivas, pero siempre con bellas palabras en los labios, que yo haya conocido. Siempre tienen un gracias en la boca, y una gran sonrisa para regalarte. Estas personas tienen sus motivos para estar en Àmbit, y nunca se les va a juzgar, pero sí a ayudar para poder mejorar. Muchos no quieren, otros lo desean, otros no lo consiguen, otros se quedan a las puertas, pero todos ellos son Àmbit.

Antes de llegar a Àmbit no era capaz de imaginar lo que era una prisión. Se oían rumores, se presuponían cosas. Pensaba que todo aquel que entraba a la prisión se merecía ese sitio. Pensaba que bueno, les estaba pagando una vida, al fin y al cabo tienen comida, agua, televisiones etc. Pero claro, ¿a qué precio?

Al llegar a Àmbit me di cuenta de que no todo era tan fácil. De que la prisión no era como todos aquí fuera nos pensábamos. Que los medios que utilizan para “rehabilitar” a las personas y que aprendan a buscar otros caminos y otras salidas, no son los adecuados. De hecho, me atrevo a decir que no hay ningún método para llevar ésto a cabo. Sí que es cierto que las asociaciones se involucran en los centros penitenciarios para poder llevar a cabo talleres mediante los cuales se intenta enseñar la manera más adecuada para retomar sus vidas. También hay que mencionar a todos los trabajadores componentes de las asociaciones (trabajadores sociales, educadores, integradores, psicólogos) también a los abogados, que hacen lo mejor que pueden su labor para asegurar esta re-inserción de la manera más favorable posible para las personas.

En Àmbit he conocido a todo tipo de personas, las cuales cada una de ellas tiene su historia, y su porqué de acabar en una prisión. He escuchado las más duras de las historias, y también las historias con más cara del mundo. Pero eso no quita para justificar el trato tan inhumano que se lleva a cabo dentro de los centros. Para los funcionarios que trabajan en prisión, la mayoría de presos no son mas que eso, presos. Ni personas con derechos, ni dignidad, ni nada. Y sí es cierto que hay personas que quizás no merezcan todo el apoyo del mundo, pero al fin y al cabo son personas, y gracias a la lucha de la sociedad tenemos unos Derechos Humanos, los cuales todos los centros penitenciarios deberían estar obligados a leer y por supuesto a respetar y cumplir, a si mismo, tendría que ser supervisada la realización de los mismos.

Àmbit se ha basado en dos grandes Derechos Humanos, DIGNIDAD y JUSTICIA SOCIAL, y los ha integrado totalmente en la base de su fundamento. Los llevan a cabo de la mejor manera posible, y lo más importante: LUCHAN por ellos.

Àmbit es una de las asociaciones que más he visto luchar. No es nada fácil empezar de cero y llegar al punto que ha llegado. Àmbit se compone de un Albergue para acoger a todas las personas reclusas y ex-reclusas que lo necesiten y lo merezcan, y también una Vivienda Tutelada la cual acoge a personas reclusas, ex-reclusas con enfermedad mental. Es todo un enorme bloque que abarca un sin fin de talleres y posibilidades para llevar una ''vida normal'' dentro de las posibilidades. Todo esto lo sincronizan todos los trabajadores, y creo que nadie se ha parado a pensar lo difícil que es compenetrar a este enorme grupo y a su vez, a todas las personas ''beneficiarias'' de éste recurso, juntos. Obviamente Àmbit no es perfecta, y quien busque eso, no está siendo realista. Àmbit compite por todo lo mejor que se les pueda ofrecer a sus ''hijos'' y a sus viviendas. Àmbit es luchadora y no se rinde ante nada. Àmbit es una FAMILIA.

Gracias a todas aquellas personas que han hecho posible esta lucha por los valores de las personas. Gracias a Àmbit por haber sabido jugar y haber corrido ante todos los obstáculos puestos hasta ahora en nuestro mundo: EL MUNDO DE LA SOCIEDAD. Espero que no se rinda nunca, y que si necesitan luchadores, sepa que no le vamos a fallar.

                                                                                                                                  Irene.

WIKIPEDIA

“El daltonismo es un defecto genético que ocasiona la dificultad de distinguir los colores” (al menos eso dice la wikipedia).  

Pues eso lo sufro yo. Soy un daltónico profesional o mejor dicho, un trabajador social que cada día que pasa se vuelve más y más daltónico.  Ya casi no distingo los colores alegres ni recuerdo otros tiempos en los que podía advertir que algunas cosas podían seguir siendo de color rosa. 

Ahora, como cantaban “The Doors” (mejor dicho, los versionadores de las canciones de “Las Puertas”)… “no se qué pasa que lo veo todo negro”.

Ser trabajador social de prisiones no siempre es gratificante, sobre todo si el mundo que está más allá de las rejas va impregnándose más y más de este color. Y en este momento cuando me planteo las dos opciones: dejarme caer en la oscuridad o, a falta de “puertas”, buscar alguien o algo que me recuerde que, a pesar de que me cuesta distinguirlos, éstos colores vivos existen.

Y aquí entra en juego ÀMBIT… una de esas mirillas por la que se filtran esos azules cielo o esos verdes esperanza (por no hablar de la disposición que tienen para hacer frente a algunos “marrones”), graffiteando nuestros muros con sus intervenciones, combinando los colores para que ese negro con muchas dosis de blanco se convierta en un gris que vuelve a la vida añadiéndole un toque cálido.

Aunque tal vez me haya quedado corto.

ÀMBIT no es sólo una mirilla. 

Es una ventana:

“Un hueco elevado sobre el suelo, que se abre en una pared para proporcionar luz y ventilación a una estancia” (al menos eso dice la wikipedia).